El arte de la pesca

Métodos

Fast jigging y slow pitch en Panamá: cómo los explica Francisco Lino Ramírez Arteaga

Para Francisco Lino Ramírez Arteaga, el jigging es una pesca de brazo y de paciencia, y de las pocas en las que uno siente exactamente lo que pasa cincuenta metros más abajo. En El arte de la pesca lo presenta como una técnica muy efectiva en aguas panameñas, sobre todo en el golfo de Chiriquí y las islas de Las Perlas, y la divide en dos escuelas que conviene no mezclar.

Qué imita un jig

Un jig no imita a un pez nadando tranquilo: imita a uno herido, que sube a tirones y se deja caer sin control. Eso es lo que dispara el ataque. Por eso, explica Francisco Lino Ramírez Arteaga, el jigging no se lanza: se deja caer, y todo el trabajo está en cómo se sube.

Fast jigging: la versión física

Se usa para los pelágicos de arrecife profundo: el bojalá, los jureles grandes y el atún de fondo. El jig es de tipo knife, largo, delgado y pesado, de 200 a 300 gramos cuando se buscan peces grandes, con los anzuelos de asistencia en la parte de arriba del jig, nunca en la cola. Sirven tanto la caña overhead como la de spinning.

Antes de bajar, cinturón gimbal y guantes. El libro insiste en que no es un lujo: sin gimbal el brazo se acaba en veinte minutos y el resto del día se pesca mal.

  1. El descenso. Marca primero la carnada en la sonda y suelta el jig al fondo vigilando el carrete, porque un sobregiro ahí cuesta el nudo y la mitad de la línea.
  2. El movimiento. Al tocar fondo, levanta la caña rápido y recoge con la otra mano al mismo tiempo. Al principio no coordina; a los diez minutos sale solo, y ahí empieza la pesca de verdad. Con el ritmo agarrado, ve subiendo la velocidad.
  3. La recuperación. Sube el jig por toda la columna, no solo por el fondo.

Y lo que, según el autor, casi nadie dice y decide la pieza: cuando pica, no dejes de jiggear. Seguir trabajando la caña asienta los anzuelos y, sobre todo, despega al pez del fondo. El bojalá y el jurel tienen una sola idea cuando sienten el anzuelo: volver a la piedra para cortar la línea. El pleito se gana en los primeros tres segundos. Cuando el pez ya corre en agua limpia, la caña va al gimbal y se pelea desde ahí.

Slow pitch: la escuela fina

Funciona sobre casi cualquier depredador de arrecife: si el pez come carnada, come un jig de caída lenta. El nombre confunde, y el libro lo aclara: slow pitch no quiere decir «lanzamiento lento», porque aquí no se lanza nada. Es caída lenta.

La diferencia está en el señuelo. El jig de slow pitch lleva el peso en el centro, no en la cabeza, y por eso aletea de costado al bajar en vez de hundirse derecho. Ese aleteo es todo el secreto, porque la mayoría de las picadas llegan en la caída, no en la subida. Hay que mirar la línea mientras el jig baja.

Un detalle que, según Francisco Lino Ramírez Arteaga, cambia el día: al soltar, frena la línea apenas con el pulgar. Libre, el jig baja aleteando y tarda una eternidad; con un poco de tensión baja de cola y llega en la mitad del tiempo. Un assist con faldita ayuda, y los jigs que brillan en la oscuridad rinden bien en lo profundo.

Desde el fondo hay dos recuperaciones:

Las cañas de slow pitch están hechas para trabajar el jig, no para forcejear: usadas como caña de fuerza, se parten.

El jig como herramienta para explorar

Para el autor, ésta es la mejor virtud del jigging y casi nadie la aprovecha: es la forma más rápida de averiguar si un pedazo de mar nuevo sirve. El jig de metal baja rápido y se ve en la pantalla, así que se puede poner exactamente sobre la marca de la sonda, cosa que con carnada no se logra.

Lo que se busca son cejas gruesas en la sonda, que es como se dibujan los depredadores grandes. Y una señal que vale oro: cuando los peces medianos siguen el jig hacia arriba, ese alboroto llama la atención del grande, que sube detrás. Si el jig sube limpio, sin nada detrás, no hay que insistir: se suelta otra vez y se baja más. En estructura somera, como un bajo o un naufragio a treinta metros, bastan 80 gramos para el bojalá, y funciona alternar el jig con una carnada viva.

Para qué sirve y para qué no

El jigging es la técnica del bojalá, la cherna, el mero, el pargo cubera y los jureles: todo lo que vive pegado al fondo y a la estructura. Con el pargo cubera, el libro advierte que sin un punto verificado de estructura es puro gasto de combustible. No es la técnica para el marlín, el pez vela, el dorado ni el pez gallo; a esos se les pesca arriba, con trolling y popping.

Cuatro errores que cuestan el día